El viernes 3 de julio, el periódico Vaticano L’Osservatore Romano (OR) elogió a Juan Calvino, el archi-enemigo del Catolicismo, quien, según las palabras de Gregorio XVI en su Encíclica Inter praecipuas, “osando atacar la inmutable doctrina de la fe con una casi increíble variedad de errores, todo lo intentaba para engañar la mente de los fieles con perversas explicaciones de las Sagradas Escrituras.”[1]
El artículo del OR titulado“El reformador que desencarnó la Encarnación,” fue escrito por Alain Besançon, autor, periodista y profesor, miembro de la Academia Francesa de Ciencias Sociales y Políticas y actualmente también corresponsal francés del OR. La razón de su artículo se explica en el segundo título: “500 años después de su nacimiento, Pleiade publica las obras de Calvino". Pleiade es quizás la más prestigiosa editorial de Francia, que selecciona cuidadosamente los clásicos que imprime. Besançon se aprovecha del lanzamiento de este libro para hacer una apología del líder protestante.
En vez de confirmar a los católicos en la fe, L'Osservatore Romano elogia la herejía calvinista
Presentamos a continuación los principales textos de su artículo en la edición original italiana del OR:
· Pienso en cuántos hombres han causado que un segmento de la humanidad se aleje de su habitual ruta histórica, que han tenido la fuerza para darle una nueva dirección. Veo que no hay ninguno excepto dos: Rousseau que transformó el siglo XIX y también el XX, y aún más, Calvino. Precisamente porque él era extraordinario, todavía no tenemos un volumen sobre Calvino en las más famosas colecciones de clásicos franceses… He aquí finalmente que Calvino está en Pleiade. · Quiero refutar alguno de los prejuicios más comunes [sobre él]… Si bien que él no quería que la Madre de Dios fuese objeto de la predicación, él la honraba y creía firmemente en su virginidad perpetua. El mantuvo dos sacramentos, el Bautismo y la Cena.
· Contrariamente a lo que a menudo se dice, él creía en la presencia real, si bien que no admitía el concepto católico de la Transubstanciación. El adhirió a dos principios de la justificación por la fe – sola fidei, sola gratia – y la soberanía de la Biblia – sola scriptura. · El no podía soportar el conjunto el todo lo que había sido acumulado en las iglesias de su tiempo: las muchas imágenes que se veneraban, las dudosas reliquias que él veía, con razón, como caer en idolatría. Si bien que promovía una depuración profunda de los templos, haciendo caer el denso pasto de las tradiciones dogmáticas, expulsando el extenso caos de las devociones populares, yo creo que él no quería cambiar el dogma de la Encarnación… El lo desarrolló de una manera más abstracta, lo enfatizó, lo intelectualizó. El desencarnó la Encarnación. En sus Institutos de la Religión Cristiana, él lo explica de una manera geométrica. · Haciéndolo, él se insertó en la gran corriente que llamaba para una relación individual que apareció a principios del siglo XIV y que hoy todavía continúa. Predicó el individualismo, una relación personal con Dios, la sociedad, el Estado y la ley: Calvino estaba en sintonía con la modernidad antes de su tiempo. · Fundó un sistema eclesiástico que se focalizó en la sociedad civil y que al mismo tiempo era independiente. La organización Calvinista es una creación genial… · Calvino luchó en todos los frentes. Sobre todo contra el papismo, pero también contra los ‘nicodemistas’ –aquellos que buscaban un compromiso con Roma – y en contra de los bautistas. · Como es sabido, él quiso ser sepultado, en un simple y discreto lugar, por lo que hoy no conocemos el lugar exacto de su tumba – como Moisés – en el cementerio de Ginebra.
El hereje Juan Calvino
Estos extractos muestran claramente que Besançon hace una apología completa de la secta calvinista, tratando de hacer que el calvinismo sea aceptable para los católicos. El periódico Vaticano, por consiguiente, no ofrece apenas unas pocas palabras de elogio a Calvino: “él fue extraordinario”. El elogio que hizo es mucho más grave y va más lejos. Una completa visión Calvinista del mundo es presentada como “genial” por Besançon y aprobada por el OR. Interpretaciones parciales, mentiras históricas, amputaciones dogmáticas, crímenes morales, erróneas concepciones sociales y políticas del Estado y de la Iglesia son justificadas por el órgano de la Santa Sede, el que supuestamente debería decirnos la verdad y confirmarnos en la fe. ¡Qué inmensa inversión de roles estamos presenciando! Yo destaco que los elogios a Calvino del OR son indiscutibles, excluyendo cualquier posibilidad de que las palabras están tomadas fuera de contexto.
Analizando el Calvinismo El Calvinismo es una rama directa del culto Zwingliano, y no del luteranismo, como mucha gente piensa. El reformador suizo Ulrich Zwinglio estuvo a la izquierda de la doctrina, de la liturgia y de la estética de Lutero, despojando la música y el arte de todas las iglesias. Fue muerto en batalla en 1531 cuando dirigió a los soldados contra los cantones católicos. Jean Calvin (alias Juan Calvino) fue un abogado francés que apostató del catolicismo a comienzos del siglo XVI. Trabajó incansablemente en Ginebra para establecer su credo calvinista y fundar ahí un Estado político religioso, donde aplicó duras penas, espionaje y sanciones religiosas para la ejecución un monótono y severo código religioso.[1]
__________ [1] William J. Whalen, Separated Brethren (Milwaukee: Bruce Pub., 1958), pp. 48-49.
Protestantes destruyen las imágenes y ornamentos de las iglesias, una obra muy similar a la reforma liturgica de Paulo VI.
Estos son algunos de los principales puntos de la teología calvinista: · La inadmisibilidad de la gracia · La predestinación absoluta decretada por Dios para algunas personas independientemente de cualquier mérito o demérito. Dios destina, según su elección, a las personas al infierno o al paraíso; por lo que las obras de aquellos predestinados a la beatitud, aunque sean malas, son consideradas buenas por Dios, mientras que las obras de los futuros condenados son malas sin cualificación. · La iglesia debería dirigir el Estado · El calvinismo va tan lejos que llega a implicar a Dios con el pecado ya que si Dios condena a un alma al infierno, Él debe también forzar a esa alma a pecar para merecer el infiernoo.[1]
Este es el sistema de herejía religiosa que se elogia en el L’Osservatore Romano. Se podría hacer una auto-afirmación engañosa de que Benedicto XVI no adheriría a este homenaje a la herejía. Pero es de común conocimiento que el OR sigue las orientaciones del Secretario de Estado, el Cardenal Tarcisio Bertone, quien es la mano derecha del Papa. Además, esta es la misma orientación que Benedicto XVI siempre ha seguido durante su vida: una aproximación muy amistosa hacia el protestantismo.
__________ [1] Parente, Piolanti, Garofalo, Dictionary of Dogmatic Theology (Milwaukee: Bruce Pub., 1951), p. 37.
Por la palabra de Dios, los cielos fueron afirmados.
La Palabra de Dios es el Verbo, el Hijo de Dios. La Palabra de Dios es la Verdad, pues que el Hijo de Dios encarnado declaró ser la Verdad: “Ego sunt via, et veritas, et vita” ( Jn., XIV,6). Por tanto, es por la verdad que los cielos fueron afirmados. Y si hasta los cielos fueron afirmados por la verdad, nada hay que la Verdad no fortalezca. Exactamente, la crisis que la Iglesia y el mundo hoy atraviesan fue causada por el hecho de que el Vaticano II no buscó la verdad. Antes, por el contrario, con la excusa de la pastoralidad, los Obispos, en el Vaticano II, procuraron agradar al Mundo, usando un palabrerío ambiguo, fruto de la Fenomenología y de la Hermenéutica Moderna. Ni proclamaron la verdad, ni condenaron los errores. El mundo luego siguió el ejemplo del Vaticano II y proclamó, en la revolución de 1968, el nuevo dogma infernal: “Es prohibido prohibir". Todo quedó permitido. El relativismo triunfó. Resultado: el mundo cayó en el mayor abismo al que si llegó en la Historia, y hasta los “cielos” fueron estremecidos, porque se omitió la verdad que los afirmaba. Desde el Vaticano II, por la desgracia del ecumenismo, el indiferentismo religioso, el relativismo y el subjetivismo lanzaron al mundo en el abismo de la incertidumbre, y estremecieron los medios eclesiásticos, los “cielos”. El Vaticano II adoptó la Fenomenología como lenguaje filosófico para comunicarse con el mundo in gaudio et spes. y de ahí vinieron “tristitiae et angustiae”. Tristezas y angustias. Gracias a Dios, ahora, Benedicto XVI hace a la barca de Pedro volver a amarrarse en las columnas de la Verdad y de la Caridad. En la Hostia consagrada y en María Santísima. En su reciente encíclica, Caritas in veritate, el Papa Benedicto XVI, gloriosamente reinante – y gloriosamente no es fórmula de costumbre, sino luminosa realidad – estableció como fundamento de todo la verdad objetiva, condenando el opinionismo, el subjetivismo y el relativismo. Estas son sus palabras: “La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el lógos del amor: éste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad.” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, nº 4). Y aún: “En el contexto social y cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral.” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, nº 4). Para la doctrina católica del conocimiento y de la verdad, tal como fue expuesta por Santo Tomás, “la verdad es la adecuación entre el entendimiento y las cosas”. Esta es la cita de Santo Tomás: “Dice Rabi Ysaac en el libro De Definitionibus(citado por Avicena in Metaphisica. Tomo I , cap. IX) que la verdad es la adecuación entre el entendimiento y as cosas” (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, Q. XVI, a. 2). La verdad es alcanzada por el conocimiento humano por vía abstractiva y no intuitiva. A través de nuestros sentidos, captamos las imágenes sensibles de las cosas, y, por abstracción, formamos una idea de lo que ellas son. Abstraemos de las cosas su forma substancial. En la correspondencia de la idea del sujeto conocedor con el objeto conocido, en eso está la verdad.
Verdad es la correspondencia entre la
Idea del <----------------- sujeto <----------------- ---y el objeto conocido conocedor <-----------------
Nuestro intelecto, mal comparando, “fotografía” la realidad. La “fotografía” así obtenida es el concepto formado en nuestro intelecto. Todos los hombres, normalmente, alcanzan la misma idea de cada cosa conocida. Y es lo que nos permite conversar y vivir en sociedad. Todos tenemos la misma verdad tomada de la realidad. Si eso no fuese así, nos sería imposible convivir. Sería imposible, para dar un ejemplo, jugar ajedrez, ya que cada un tendría una visión diferente de las piezas del ajedrez y del propio juego. La verdad es, por tanto, una. Como escribo para lectores de internet, permítaseme dar una aclaración primaria. La idea de un mismo objeto es la misma para todos los que lo conocen. La palabra que expresa esa idea única puede ser diferente en cada lengua. En italiano, la palabra “burro” significa manteca. Pero, a pesar de eso, el concepto de manteca, ya sea en portugués, ya sea en italiano, es el mismo. La verdad es una. Además de eso, la verdad es universal. Esto significa que es la misma en todos los tiempos y en todos los lugares. 1+1 = 2. Eso hace mucho tiempo. Esto es, siempre fue así y siempre será así. El teorema de Pitágoras continua, y continuará siempre, expresando la misma verdad: el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Hoy, se acostumbra a decir que ciertas ideas son anticuadas, el que otras son modernas. Lo que es un relincho bien moderno. Una idea no se clasifica primeramente como antigua o nueva, sino como cierta o errada. 1+1=2, en toda parte. Por tanto, si la verdad es universal, siempre la misma, y en toda parte, la verdad es inmutable. Finalmente, se debe recordar que la verdad es objetiva, y no subjetiva. No es la imagen de la máquina fotográfica la que produce el objeto fotografiado. Es el objeto fotografiado el que produce la imagen fotográfica. Del mismo modo, no es la idea que el sujeto conocedor tiene del objeto la que produce ese objeto. Es el objeto real el que produce la idea concebida en el intelecto. La verdad proviene del objeto. La verdad es objetiva. Concluyendo, la verdad es: una, universal, inmutable y objetiva. El mal del mundo actual proviene de la negación de la existencia de la verdad objetiva. Lo que lleva a pensar que la verdad es personal, múltiple, particular, mutable o evolutiva, y subjetiva. Ahora bien, el lugar donde cada uno se juzga poseedor de una verdad personal única se llama manicomio. El mundo moderno es el grande manicomio de la historia. Y lo más trágico es que ese mundo moderno exige que haya diálogo. Un diálogo en el que cada palabra es entendida de modo subjetivo, por cada uno. La Modernidad introdujo el diálogo de los locos. Para los cuales no hay diccionario. ¿Cómo querer entonces que haya entendimiento entre los hombres? Hubo un caso histórico anterior al de la Modernidad, en el cual cada un tenía un vocabulario ininteligible para todos los demás. Fue el de la Torre de Babel. Revivimos hoy la Torre de Babel. El Manicomio de las filosofías. Con la sanción del Vaticano II, a través de la visión hermenéutica moderna, totalmente subjetivista. De esa relativización de la verdad nació la relativización de todos los valores. Si no hay verdad objetiva, no hay ni bien y ni belleza. Todo sería mera opinión. Nadie tendría certeza de nada. A cada le parece lo quiere querer. Entonces, ¿para que estudiar? ¿Para que la escuela? ¿Para que la Iglesia? Vivimos en el reino do “parecismo”. En un babélico manicomio “parecista”. Ese mal viene de lejos. Viene de Descartes. Viene de Kant. Viene de los filósofos románticos que inventaron el Idealismo alemán. Para el Idealismo, es la idea que pone el ser. La única realidad sería el yo pensante que crearía lo real. Lo que cada un piensa sería la verdad para él. Cada un tendría su verdad. Por tanto, no existiría la verdad objetiva. La verdad dependería de cada sujeto. Ella sería subjetiva, personal. La guillotina de la Revolución Francesa, los cañones de Napoleón, los filósofos abstrusos alemanes, ayudados por el romanticismo, hicieron triunfar el subjetivismo por toda parte. Ese mal destructor de la inteligencia cognoscitiva, negador de la verdad objetiva, fue sancionado por el Vaticano II, con la adopción de la Fenomenología de Husserl, y de la Hermenéutica moderna, decurrente de ella, como medios aptos para expresar la doctrina católica. En verdad, para expresar el Modernismo: Acontece que la Fenomenología niega que se pueda conocer el ser y la hermenéutica moderna defiende el libre examen de la realidad. Ella afirma que todo puede ser interpretado libremente, negando toda objetividad y toda posibilidad de conocimiento cierto de las cosas y de los textos. En efecto, “la moderna Hermenéutica parte del presupuesto de que el ser no es conocible objetivamente, ni definible, es solamente interpretable” (Mário Bruno Sproviero, in Verdad y Conhecimento – São Tomás de Aquino, Martins Fontes, São paulo, 1999, Tradución, estudos introdutórios y notas de Luiz Jean Lauand y Mário Bruno Sproviero, p. 97). La Fenomenología y su Hermenéutica permitirán al Vaticano II afirmar que cada religión es la verdadera para sus seguidores. No habría una religión verdadera. Todas serían verdaderas. Aunque sean contradictorias. Creyendo subjetivamente en su religión personal, todos podrían salvarse en cualquier religión que fuese. De ahí nació el ecumenismo. Todas religiones siendo verdaderas, da lo mismo seguir una u otra. De ahí, el indiferentismo y el sincretismo actual, eses dos hijos locos del ecumenismo. Por eso, es de conmemorarse jubilosamente que el Papa Benedicto XVI, 44 años después del fin del Vaticano II, haya vuelto a defender que la verdad es objetiva y no relativa. Y como para mal entendedor no basta media palabra, creemos que para ese tipo de lector del site Montfort – y es cierto que muchos teólogos y obispos modernistas asiduamente nos leen -- es preciso y conveniente repetires la cita del texto de Benedicto XVI: “La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el lógos del amor: éste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad.” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, nº 4). ¿Bien entendido, señores lectores de mala voluntad? Solamente la verdad objetiva es lo que pode librar al mundo moderno de la locura del opinionismo subjetivista y del relativismo. Hace más de cuarenta años esa verdad había dejado de ser predicada. Bendito sea el Papa Benedicto XVI que volvió a afirmarla. Benedictus qui venit in nomine Domini. Este Papa colocó de nuevo, como fundamento de todo, la Verdad. Y la Verdad envuelve, sobrenaturalmente, la Fe, y naturalmente la Metafísica. Fe y Metafísica son las bases de todo. Hasta de la política. La ONU — “Cette chose là de New York” – como decía De Gaulle, hasta esa calamidad productora de calamidades, hasta la crisis de la ONU comprueba que nada subsiste sin la Fe y sin la Metafísica. Por eso, es triste que, cuando un Papa clama de nuevo que existe la Verdad y vuelve a colocarla como fundamento de todo, hasta de la Caridad, es triste que hasta entre los buenos haya quien focalice como más importante una mera apreciación política, como él hizo, hablando de la necesidad de reformar la ONU. De la ONU, que la Verdad y la Justicia exigen que sea destruida. Es un error de perspectiva focalizar como fundamental una mera opinión política de Benedicto XVI, cuando se debería exaltar la colocación de la Verdad objetiva, Teológica y Metafísica, como fundamento de todo. Hacer eso sería colocar la importancia de la critica de la política sobre la visión crítica de los errores teológicos y metafísicos. En las palabras de Benedicto XVI en la Spe salvi, eso acontece porque, “Al haber desaparecido la verdad del más allá, se trataría ahora de establecer la verdad del más acá. La crítica del cielo se transforma en la crítica de la tierra, la crítica de la teología en la crítica de la política" (Benedicto XVI, Spe salvi, nº 20). Exaltemos la Verdad que afirma inclusive hasta a los cielos. Pues la Verdad destruirá la ONU, esa quimera generada en antros secretos por los así llamados... “hombres de buena voluntad”.
Diarios, blogs, programas del radio y de televisión están repletos de discusiones sobre la supuesta invitación del Papa Benedicto XVI para un “Nuevo Orden Mundial” o un “Gobierno Mundial” [one-world government]. Estas ideas, mientras, no están basadas ni en la realidad ni en una lectura clara de la última encíclica del Papa, Caritas in Veritate, cuya publicación ayer [07 de julio] encendió una discusión inflamada.
El Papa, en verdad, habla directamente contra un Gobierno Mundial y, como debería ser esperado por aquellos que leyeron sus escritos anteriores, convida a una masiva reforma de las Naciones Unidas. La confusión parece haber surgido del parágrafo 67 de la encíclica, que tuvo algunas citas [pull-quotes] escogidas para condimentar [habe spiced] las páginas de los jornais mundo fuera, del New York Times aquellos bloggers de teorías de la conspiración que ven al Papa como el Anticristo.
Entretanto, en el parágrafo 41, el Santo Padre diferencia específicamente su concepto de una autoridad política mundial [a world political authority] de aquel de un Gobierno Mundial [a one-world government]. “Nosotros debemos”, dijo, “promover una autoridad política dispersa”.
El explica que “la economía integrada del presente no hace que el papel de los Estados sea redundante; sino, al revés de eso, hace que los gobiernos necesiten de una mayor colaboración mutua. Ambas, sabiduría y prudencia, sugieren que no seamos tan precipitados en declarar el fin del Estado. En términos de solución de la presente crisis, el papel del Estado parece destinado a crecer, conforme recupere muchas de sus competencias. En algunas naciones, entretanto, la construcción o reconstrucción del Estado permanece un factor clave de su desarrollo”.
Más adelante en la encíclica (57), habla en el sentido opuesto de un Gobierno Mundial - subsidiariedad (o principio de la Doctrina Social de la Iglesia que establece que las cuestiones deben ser resueltas por la menor, más baja y menos centralizada autoridad competente) - como siendo esencial. “A fin de no producir un peligroso poder universal de naturaleza tiránica, el gobierno de la globalización debe ser marcado por la subsidiariedad”, dice el Papa.
Otra de las citas claves que fueron extraídas de la encíclica por causa del su potencial chocante es esta: “frente al inagotable crecimiento de la interdependencia global, hay un fuerte sentimiento de la necesidad, mismo en el medio de una recesión global, de una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, e igualmente de las instituciones económicas y financieras internacionales, de modo que el concepto de Familia de las Naciones pueda hacerse realidad [can acquire real teeth]“.
Desde mucho antes de ser papa, Joseph Ratzinger lucho vigorosamente contra la visión de las Naciones Unidas de un “Nuevo Orden Mundial”. Ya en 1997, y repetidas veces después de eso, Ratzinger hizo de tal visión su objetivo público [took public aim at such a vision], notando que la filosofía venida de las conferencias de la ONU y el Millenium Summit “propugnan estrategias para reducir el número de convidados a la tabla de la humanidad, a fin de que la presumida felicidad que [nuestrotros] alcanzamos no sea afectada”.
“En la base de este Nuevo Orden Mundial”, dijo, está la ideología del “fortalecimiento de las mujeres”, que equivocadamente ven “los principales obstáculos para la plenitud [de las mujeres] [como siendo] la familia y la maternidad”. El cardenal entonces aviso que “en este estado del desarrollo de la nueva imagen del nuevo mundo, los cristianos - no solamente ellos; mas, en cualquier caso, ellos mas del que otros – tienen el deber de protestar”.
Benedicto XVI de facto repetía estas críticas en su nova encíclica. en la Caritas in Veritate, el Papa condena las “prácticas de controle demográfico, de la parte de gobiernos que frecuentemente ven promover a contracepción y llegan até mismo al punto de imponer en el aborto”. El también denuncia los cuerpos económicos mundiales como el FMI y el Banco Mundial (sien los lomear específicamente) por sus prácticas de empréstito que visan al llamado “planificación familiar”. “Hay razones para sospechar que a ayuda a la desenvolvimiento está a las veces ligada a específicas políticas del salude pública que de facto envuelven la imposición de fuertes medidas del controle de la natalidad”, dice la encíclica.
Cualquier visión de una adecuada ordenación del mundo, de la economía o cooperación política internacional, sugiere el Papa, debe estar bajeada en una “orden moral”.. Esto incluí primero y principalmente “lo derecho fundamental à la vida” de la concepción à su muerte natural, el reconocimiento de la familia bajeada en el casamiento entre un hombre y una mujer como base de la sociedad y de la libertad religiosa y a cooperación entre todas las personas con base en los principios de la Ley Natural.
La última Encíclica del Papa Benedicto XVI (Caritas in veritate) viene a propósito del tema eclesial más importante de los últimos 45 años: ¿cuál es la autoridad del Magisterio de la Iglesia cuando no tiene la expresa intención de imponer una doctrina sobre fe y costumbres, haciendo uso de su suprema autoridad apostólica, sino que posee sólo la manifiesta intención de proponerlo al modo de diálogo intra Ecclesiam, con el rebaño de los fieles, y extra Ecclesiam, con el mundo? ¿Ese magisterio es o no vinculante para nosotros, católicos? Esa respuesta la dio de modo definitivo y magistral el Padre Calderón, en este que es, repito y repetiré asta la saciedad, el libro más importante de las últimas décadas, en todo el mundo. un libro extraordinario que (como aún hoy me confidenció por email un de los muchos lectores que nos han escrito a mi y a Nougué mensajes de emocionado agradecimiento por la publicación de la obra) “es capaz de llevar a la conversión o a un proceso de purificación de la conversión”.
Los católicos liberales están irritadísimos por cuenta de esa Encíclica, y no podría mismo dejar de ser: se, en cualquier que sea la variable en la cual revuelque, el liberal no consigue resolver el falso dilema en que se metió (o de la dicotomía entre libertad y autoridad externa a la de su conciencia individual), es obvio que una autoridad política mundial con poder de mando sobre todas las naciones, como propone el Papa, le parecerá la más inimaginable de las opresiones. Las perlas que he leído en internet, de parte de los liberales, vão desde la mal disfrazada malicia a la idiotez pura y simple. Y aunque en general acierten en cuanto al carácter nefasto de una tal autoridad mundial meramente política — que, a propósito se nos aproxima como un bólide gigantesco del cual parece no haber mais como fugir —, erram en un punto crucial del diagnóstico, pues sólo conciben lo maleficio de tal proposición en ese mismo plano político, que artificiosa y convenientemente ya habían separado del plano espiritual superior. el alcance del maleficio (que no parece ser otro sino el breve reino del Anticristo de que nos habla el Evangelio) escapa a eses católicos liberales. uno de ellos cierta vez me confidenció que “esa cosa apocalíptica” le parecía una ficción, si miramos la situación actual del mundo. Paciencia! Si no se quiere ver que la vaca está en el pantano, con las patas atoradas y los campanillas sonando, paciencia! Ese tipo de ceguera se me figura como un misterio insondable. Bien decía Chesterton por la boca del Padre Brown que, si un día asesinase a alguien, ciertamente sería a un optimista... Se refería el gran escritor ingles al optimista ciego a las evidencias más gritantes de que las cosas no van nada bien.
Leyendo el trecho de Caritas in veritate en el cual el Papa Benedicto XVI dice que “urge una Autoridad política mundial” (el A mayúscula y el itálico son del Papa), y más, que “tal Autoridad [política] deberá ser reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, la observancia de la justicia, el respeto de los derechos” (nº 67), me recuerdo de lo que escribió hace algún tiempo el mismo Padre Calderón, en un otro libro tan estupendo como A Candeia Debaixo del Alqueire. Son palabras que ahora se revisten de carácter profético. Y, aunque refiriéndose a los textos del Concilio Vaticano II, tais palabras se aplican grandemente a lo que vivemos hoy — cuando sentimos tan próxima la posibilidad de instaurarse un tal orden político (y económico) con poder de mando sobre todos los confines de la Tierra. Dice nuestro teólogo:
“El Concilio aboga por la constitución de una autoridad política mundial con poder sobre las naciones, como para impedir guerras. es este, a propósito, un de los principales clamores de Gaudium et Spes: ‘En cuanto exista el riezgo de guerra y falte una autoridad internacional competente proveedora de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho de una legítima defensa de las naciones’ (nº. 79); ‘(...) ‘Debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo entre las naciones, posa ser prohibida absolutamente cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad política pública universal (grifo nuestro!) reconocida por todos, con poder para garantía la seguridad, el cumplimento de la justicia y el respeto de los derechos’ (nº. 82). Pues muy bien: la única autoridad con poder eficaz para impedir las guerras que no sea la del Vicario de Cristo, será la del Anticristo. Si no es el Príncipe de la Paz quien establece el orden de la justicia entre los pueblos por medio del poder que comunicó a su Vicario, será el príncipe de las tinieblas quien lo hará por medio de los poderes que comunicó a su primogénito, el Anticristo”.
En este punto vale destacar, y con todo el énfasis, que no es una simple hipótesis teológica, sino una verdad de fe con base en la Sagrada Escritura (en el Apocalipsis, XIII), que habrá un sólo poder político mundial, bajo cuyo mando despótico estarán todas las naciones. Si se es católico, es preciso creer en eso firmemente! Otra cosa: al contrario de lo que quiere creer nuestro católico liberal, la materia de que se trata no es ajena a la fe y a las costumbres, sino muy por el contrario: dice respecto a las dos!!! Afirma la Escritura, con meridiana claridad, que todo poder político viene de lo alto (cfme. Rom., XIII, 1; y Jo. XIX, 11). A propósito, el mismo decía León XIII, con apoyo macizo de todo el Magisterio anterior a él:
“El poder público sólo puede venir de Dios. sólo Dios, en efecto, es el verdadero y soberano Señor de las cosas; todas, cualesquiera que sean, deben necesariamente estarle sujetas y obedecerle; de tal modo que todo aquel que tiene el derecho de mandar no recebe ese derecho seno de Dios, Jefe supremo de todos." (León XIII, Diuturnum illud, 29 de Junio de 1881).
Si el Papa se propusiese a sí mismo como la única Autoridad (esta sí, con A mayúscula, porque es participada por Nuestro Señor, que es Dios) capaz de reinar sobre todas las naciones, estaría repitiendo una doctrina común de la Iglesia por siglos sin fin. Mas proponer una autoridad mundial meramente política es algo que ningún católico debe considerar como vinculante, o seja: como algo que obligue a su conciencia a seguir. Entre otras cosas, porque se trata de una proposición a lo modo de diálogo, y no una imposición magisterial expresada de forma solemne, con intención expresa de obligar al rebaño de fieles. Y un de los cuatro puntos esenciales con relación à infalibilidad papal, cabe recordar, dice con respecto justamente a la intención de obligar a todos los fieles, la cual no puede ser oculta, mas expresa, dado el nuestro humano modo de conocer. Además, ¿qué autoridad tiene la Autoridad cuando se depone a sí misma, indicando la creación de otra para regir el mundo, aunque esa otra busque fines infinitamente menores? ¿No tiene la Iglesia poder de enseñar, santificar y, TAMBIÉN, reinar? Este es otro grave punto resuelto por el genio teológico del Padre Calderón...
El único obstáculo para el reinado del Anticristo de que habla la Escritura siempre fue, única y exclusivamente, la pax Christi custodiada por la Iglesia, quiere decir: la paz que puede ser establecida por la verdad revelada, de la cual provienen tanto el Magisterio, con sus dogmas y sus leyes, como los sacramentos, señales sensibles de la gracia dada gratuitamente a todos, en vista de que se salven; y no la pax mundi instaurada por instancias políticas y al sabor de intereses humanos. ¿Si la Iglesia abre mano (deja) de proponerse a sí misma como maestra y rectora de las naciones, y propone en su lugar nada menos el de la ONU, qué pensar? Estamos delante un misterio.
Coincidentemente o no, exactamente en esta misma semana en que el Papa propone una autoridad política mundial, el G-8 propone una moneda mundial — ya hasta acuñada, como se ve en las imágenes que ilustran el presente texto. Me aterra tal coincidencia, así como pensar en un poder político y en un poder económico mundiales, con fines meramente humanos, apoyados y refrendados por la única autoridad espiritual que visa al bien superior de la salvación de las almas.
En tiempo: Dice San Pablo (2 Tes.) que primeramente debe venir la disensio (o apostasía), para después manifestarse el Hombre impío. Nos recuerda el Padre Calderón que esa apostasía había sido entendida por los Santos Padres tanto como apostasía de la fe — disensio a fide — cuanto como apostasía del Imperio — disensio a Romano Imperio. Comenta Santo Tomás ese grave pasaje de la Epístola: “Dice San Agustín que [la disensio Romano Imperio] está representada por la estatua de Daniel (II, 31), donde se nombran cuatro reinos, después de los cuales se dará el advenimiento de Cristo, lo que era un signo conveniente, porque el Imperio Romano fue establecido PARA que bajo su poder se predicase la fe por todo el mundo (grifo nuestro). ¿Pero cómo puede ser así, si las naciones dejaron el Imperio Romano y no vino el Anticristo? A esto debe responderse que el Imperio todavía no acabó, sino que cambió de material en espiritual. (...) Por tanto, hay que decirse que la apostasía del Imperio debe entenderse no solamente con relación al plano temporal, sino también del espiritual, quiere decir: la fe de la Iglesia Católica Romana. Este es un signo adecuado, porque así como Cristo vino cuando el Imperio Romano dominaba a todos, así también la apostasía del Imperio será una señal del Anticristo”. (II, Ad Thes. caput II, lec 1). ¡Palabra de Doctor Común!
"Pregunté a la tierra y contestó: «No soy yo.» Y todas las cosas que hay en ella confesaron lo mismo. Pregunté al mar, y a los abismos, y a los vivientes que surcan por ellos, y respondieron: «No somos tu Dios; búscale sobre nosotros.» Pregunté a las auras espirables, y dijo todo el aire con sus moradores: «¡Engáñase Anaxímenes; no soy Dios!» Pregunté al cielo, al sol, a la luna y las estrellas: «Tampoco nosotros somos el Dios que buscas», respondieron. Y dije a todas las cosas que rodean las puertas de mi carne: «¡Dadme nuevas de mi Dios, ja que no sois vosotras: decidme algo de Él» Y con voz atronadora clamaron: «Él nos hizo.» Mi pregunta fue mi mirada; la respuesta de ellas, su hermosura. " (San Agustin)
CARTA DE LA SAGRADA CONGREGACION DEL SANTO OFICIO AL ARZOBISPO DE BOSTON (MASSACHUSETTS, USA), DE FECHA 8 DE AGOSTO DE 1949
CONTROVERSIA QUE SURGIO EN EL COLEGIO DE BOSTON SOBRE EL AXIOMA QUE DICE: "FUERA DE LA IGLESIA CATOLICA NO HAY SALVACION".
Estamos obligados por la fe católica y divina creer todas las cosas contenidas en la palabra de Dios, ya sea en las Sagradas Escrituras o en la Tradición y que son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, no sólo a través de la solemne declaración sino también por medio de Su oficio de enseñar ordinario y universal. Ahora bien, entre todas las cosas que la Iglesia ha siempre predicado y nunca dejará de predicar es lo contenido en esa declaración infalible por la cual se nos instruye que no existe la salvación fuera de la Iglesia Católica. Sin embargo, este dogma debe ser entendido en el mismo sentido que lo entiende la Iglesia. Puesto que no fue para juicio privado que Jesucristo nuestro señor manifestó las verdades contenidas en el depósito de la fe, sino para que fueran contenidas por la autoridad de enseñar de la Iglesia. Ahora bien, en primer lugar, la Iglesia enseña que en esta materia existe una cuestión de la más estricta orden de Jesucristo. Puesto que El explícitamente ordenó a sus apóstoles el predicar a todas las naciones la practica de todas las verdades que El mismo ha ordenado.
OBLIGACION DE PERTENECER A LA IGLESIA CATOLICA
Ahora, bien, uno de los mandamientos de Dios, el cual no ocupa un último lugar, es por el cual estamos obligados a pertenecer por medio del Bautizo al cuerpo místico de Jesucristo, es decir la Iglesia Católica, y pertenecer unidos a Jesucristo y su Vicario, por medio del cual El mismo de una manera visible gobierna a la Iglesia en este mundo. Por lo tanto nadie se salvará quien a sabiendas de cual es la Iglesia divinamente establecida por Jesucristo, se niegue someterse a Ella y rechazare la obediencia debida al Soberano Pontífice, vicario de Jesucristo en la tierra. No sólo ordenó, Jesucristo nuestro señor, que todas las naciones deberían de pertenecer a la Iglesia Católica, sino que también declaró a la Iglesia como medio de salvación, sin la cual nadie puede entrar al reino de la gloria eterna.
EL "DESEO" DE PERTENECER A LA IGLESIA, PUEDE SER SUFICIENTE
En su Infinita misericordia Dios ha deseado, que los efectos necesarios para que alguien se salve, es decir esos medios de salvación los cuales están dirigidos a la salvación del hombre como su fin último, no por necesidad intrínseca sino por institución divina, pueden también ser obtenidos en ciertas circunstancias, cuando estos sean utilizados sólo como un "deseo persistente". Esto lo vemos claramente establecido en el Concilio de Trento, tanto en referencia al sacramento del Bautismo como en referencia al Sacramento de la Penitencia. Lo mismo debe declararse de la Iglesia en su propio nivel, en cuanto a que Ella es el medio general de salvación. Por lo tanto, para que alguien pueda obtener la salvación de su alma, no se requiere siempre, que ese alguien sea actualmente incorporado a la Iglesia como miembro, sino que es necesario que por lo menos esté en unión con la Iglesia por el deseo persistente de así serlo.
EL `DESEO' IMPLICITO
De cualquier forma, el `deseo' no necesita ser siempre `explicito', como lo es en los catecúmenos; pero cuando una persona esta envuelta en una ignorancia invencible, Dios acepta de igual forma un `deseo implícito', así llamado porque esta incluido dentro de esa buena disposición del alma por medio de la cual una persona desea que su voluntad sea conforme a la voluntad de Dios. Estas enseñanzas están claramente manifiestas en la carta dogmática emitida por el Soberano Pontífice, Papa Pió XII, el 29 de Junio de 1948, sobre "El Cuerpo Místico de Jesucristo". Puesto que en esta encíclica, el Papa claramente distingue entre quienes están actualmente incorporados a la Iglesia como miembros, y quienes pertenecen a esta sólo por el `deseo' de así serlo. Discutiendo acerca de cuales son los miembros que pertenecen al Cuerpo Místico en el mundo, el mismo Pontífice dice: "En realidad sólo aquellos, quienes han sido bautizados y profesan la fe verdadera y quienes no han tenido la mala fortuna de separarse ellos mismos de la unidad del Cuerpo, o han sido excluidos por la autoridad legítima por alguna falta grave cometida, deben ser considerados como miembros de la Iglesia".
Mons. Héctor Aguer - Arzobispo de La Plata (Argentina)
Discurso inaugural de la Vª Exposición del Libro Católico en La Plata, 3 de noviembre de 2003
Mons. Héctor Aguer - Arcebispo de La Plata (Argentina)
“Teologia del pluralismo religioso… A este planteo ha hecho su aporte destructivo el modernismo que inficionó a la Iglesia a comienzos del siglo XX y que, lejos de ser totalmente desarraigado, revivió en posturas teológicas y hermenéuticas responsables responsables de la crisis de la fe desatada a partir de los años Cincuenta del siglo pasado” (Mons. Héctor Aguer).
(O negrito é nosso)
La 5ª edición de la Exposición Platense del Libro Católico se presenta con el lema “El buen libro, una luz para el camino”.
Título expresivo, que alude discretamente a la necesidad de iluminar una senda que puede hallarse envuelta en tinieblas; en cambio, una ruta abierta en plena luz asegura al caminante, al peregrino, la rectitud de la orientación, ya que es posible entonces identificar jalones en la marcha y mantener el rumbo fijo hacia la meta. Estas imágenes ilustran realidades espirituales entrañablemente humanas, constituyen una pequeña parábola sapiencial, ya que se refieren a la andadura de la vida y al cumplimiento de un destino. Los buenos libros, los libros católicos, ayudan a disipar oscuridades, a aventar confusiones; esclarecen el conocimiento de las cosas divinas y humanas, enardecen el corazón en el amor del bien. Nos ofrecen guía para eludir los errores que serpentean en la cultura profana y aun en la misma Iglesia, antídoto contra su mordedura fatal.
Todos los problemas que deben enfrentar hoy la fe cristiana y la misión eclesial pueden reducirse a esta cuestión: si el cristianismo mantendrá su pretensión de ser la religión verdadera, o será capaz de conformarse con ocupar un puesto en el supermercado global de las ofertas religiosas, culturales y espirituales, como una de las tantas vías posibles de comunicarse con el ministerio divino y de procurar la salvación.
El relativismo se ha impuesto con el rango de filosofía dominante. Su fundamento histórico (moderno) se encuentra en la teoría del conocimiento de Immanuel Kant; quien sostenía que no podemos conocer la realidad en sí misma, sino sólo su reflejo en nuestro modo de percibir. Pero el relativismo no se desarrolla a la manera de una elaborada resignación ante lo inconmensurable de la verdad y la dificultad de alcanzarla, sino que se formula positivamente y se postula como fundamento de las actitudes de diálogo y tolerancia que hacen posible la convivencia democrática. En efecto, un sistema sociopolítico de libertad debe fundarse en el carácter relativo de las posiciones que sustentan los diversos grupos o partidos. Se comprende que en el ámbito político lasopciones no puedan ser absolutas, como pretenden los totalitarismos, pero aun así, tampoco puede ser absoluto el relativismo de las posiciones; valores hay que por su carácter esencial y universal constituyen el fundamento de toda comunidad humana y de la convivencia social. No son intercambiables el bien y el mal, la justicia y la iniquidad. Una democracia sin valores conduce a la imposición de un totalitarismo desembozado o encubierto. En la actualidad el relativismo se aplica también al ámbito de la religión. Pretender que exista una verdad religiosa, válida para todos los tiempos y vinculante para todos los hombres, y que ésta se realice en Jesucristo y en la fe de la Iglesia Católica, es hoy día descalificado como fundamentalismo, sería un atentado contra la tolerancia, el espíritu moderno y la libertad.
En los últimos años se ha desarrollado una teología del pluralismo religioso que da cabida a las ideas filosóficas y religiosas de la India en el esquema provisto por el pensamiento antimetafísico de la Europa contemporánea, de cuño kantiano.Cristo no sería más que uno de los genios espirituales que han dejado huella en el devenir de las culturas; los contenidos de nuestra fe, los misterios revelados por Dios, son equiparados a símbolos, mitos análogos a los que registra la historia de las religiones, formulaciones y modos de experiencia religiosa, comparables a otras, en las que se expresa la sensibilidad humana ante lo sagrado. A este planteo ha hecho su aporte destructivo el modernismo que inficionó a la Iglesia a comienzos del siglo XX y que, lejos de ser totalmente desarraigado, revivió en posturas teológicas y hermenéuticas responsables responsables de la crisis de la fe desatada a partir de los años Cincuenta del siglo pasado. Estas teorías que podrían ser desdeñadas como ocurrencias eurocéntricas no sólo se difunden al conjuro del “pensamiento único” impuesto en la aldea global,sino que se ambientan en América Latina, combinándose con la teología de la liberación, travestida ahora como teología india, a la que otorgan una nueva oportunidad de desarrollo y vigencia.
La racionalidad posmoderna reedita viejos intentos anticristianos, como el que desencadenó en el siglo IV Juliano el Apóstata inspirándose en el discurso neoplatónico: no conocemos la verdad en cuanto tal; los diversos caminos religiosos se trazan a partir de imágenes diversas con las cuales enfocamos el mismo inaccesible misterio divino;todos los caminos representan un fragmento de verdad y nadie puede reivindicar su total y exclusiva posesión. Estas ideas, que cuentan con el beneplácito de los centros activos de la globalización y son vulgarizadas por la ignorancia de una legión de “comunicadores” llegan a las multitudes y hacen estragos en la mentalidad de la gente común, la impregnan de indiferencia por la verdad y la abandonan indefensa a nuevas formas patológicas de religiosidad.
La fe cristiana se identifica por este rasgo peculiar: afirma que contiene y expresa la verdad sobre Dios, el hombre y el mundo; el catolicismo reivindica ser la verdadera religión. Tal es el sentido que reconoce a la palabra del Señor: Yo soy el camino, la verdad y la vida(Juan 14, 6). La expansión misionera del cristianismo se basa en la misma convicción:al ser la verdad, la fe cristiana concierne a todos los hombres y a todos debe ser anunciada y ofrecida.
Esta afirmación no es un capricho, sino que nos remite a los orígenes mismos del hecho cristiano y de su articulación en un cuerpo doctrinal. La sabiduría revelada por el Dios viviente al pueblo de Israel se torna plenamente universal en Jesucristo, en él que el es Lógos (Razón y Palabra), se manifiesta el amor creador del Padre. El cristianismo –explica el Cardenal Ratzinger en un libro reciente– se presenta como síntesis de fe y razón; en él la razón del universo se ha revelado como amor (cf. Fede, Veritá, Tolleranza. Il cristianesimo e le religioni del mondo, Siena, Cantagalli, 20 03, pág. 163). La preparación del cristianismo en el ámbito extrabíblico, o mejor dicho extrajudío, no se halla en el antiguo politeísmo, ni en los mitos ni en la religión civil de Grecia o Roma, sino en aquel conocimiento de Dios que alcanzaron los filósofos mediante el análisis racional de la realidad. Cito nuevamente a Ratzinger: La fe cristiana no se basa sobre la poesía y la política, esas dos grandes fuentes de la religión; se basa sobre el conocimiento (ib., pág. 178). Por eso la tadición católica propone la centralidad del problema de la verdad y expresa una serena confianza en las posibilidades de la razón.
Los Apologistas del siglo II y sobre todo San Justino, filósofo y mártir, reconocieron al cristianismo como verdadera filosofía y no sólo como verdadera religión. En cuanto verdadera filosofía, comunica el auténtico conocimiento deDios, el cual no se identifica con el cosmos, sino que lo funda con su poder creador. Pero no se trata de un dios lejano y silencioso (el primer motor inmóv il), sino de un Dios que ha entrado en la historia para buscar al hombre y dejarse encontrar por él; al ofrecer la posibilidad real de este encuentro, el cristianismo se manifiesta como verdadera religión. La primacía del Lógos, de la razón verdadera, de la racionalidad, encuentra su eco en la primacía del Agápe, del amor generoso y servicial. La ley de Dios ha sido impresa en la conciencia del hombre y el amor divino es derramado por el Espíritu en el corazón de los creyentes; la ética cristiana no es una pura teoría, se expresa como acción en el doble precepto de la caridad. Así la fe cristiana, como religión verdadera, es síntesis lograda de Lógos y Agápe, de razón y de amor: es Vida.
El relativismo de la cultura posmoderna y los desafíos que plantea la nueva teología del pluralismo religiosoreclaman la aparición de una pléyade de testigos que aporten una convincente apología de conocimiento y de acción. El magisterio de Juan Pablo II y el espíritu y la obra de la Beata Teresa de Calcuta, que han concitado paradojalmente la admiración y la contradicción, expresan las líneas de esa nueva apologética: la proposición confiada, paciente y conquistadora de la Verdad que salva y humaniza mediante el testimonio del Amor.
Artículo de la página Católica La Denuncia Profética.
La Herejía consiste en negar uno o más principios de un sistema de creencias, dejando intocados los demás que la componen. Es entonces una negación parcial, nunca total de la verdad, cuya gran peligrosidad radica justamente en este hecho, en la parte de verdad que se lleva cautiva.
por Benjamín Benavídez Polemizando con un amigo acerca del dogma “Fuera de la Iglesia no hay Salvación ni perdón de los pecados”, según se define en la Bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII (18/11/1302), llegamos a considerar cuál sería la situación de los protestantes actuales frente a este dogma y otras definiciones del Magisterio, como por ejemplo la del Concilio de Florencia o la Encíclica Mirari Vos de Gregorio XVI (15/08/1832).
Mi interlocutor insistía en poner a los protestantes (hermanos separados) en el camino de la salvación exceptuándolos de aquellas definiciones magisteriales. Me di cuenta entonces de la importancia que tiene llamar a las cosas por su nombre. Puesto que, de seguir llamando herejía al protestantismo y hereje a quien adhiera a su doctrina, como siempre designó la Iglesia, ninguna discusión habría tenido lugar y mi amigo no se hubiera confundido, pues las formulas dogmáticas los incluyen claramente.
Dice la definición dogmática del Concilio de Florencia - Decreto Cantate Domino del 4 de Febrero de 1442 (D-714):
Concilio de Florencia
"La Santa Iglesia romana firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica". Por eso decía San Ignacio de Loyola en carta a San Pedro Canicio (13/08/1554): "Quien llamara evangélicos a los herejes, convendría que pagase alguna multa, porque no se goce el Demonio de que los enemigos del Evangelio y cruz de Cristo tomen un nombre contrario a sus obras; y a los herejes se los ha de llamar por su nombre, para que dé horror hasta nombrar a los que son tales, y cubren el veneno mortal con el velo de un nombre de salud".
Y esto decimos, no con la intención de lastimar a nadie sino porque sólo la Verdad nos hará libres, y más vale un remedio aplicado a tiempo que cien lamentaciones cuando ya no hay cura. El respeto humano mal entendido, no es caridad.
Luego de constatar que en la mayoría de las parroquias de Buenos Aires se ha dispuesto administrar la Sagrada Comunión exclusivamente en la mano de los fieles, de haber leído cartas de distintos obispados del país que establecen lo mismo, y teniendo en consideración lo advertido por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (*); recordamos a los comulgantes en la mano (forzados o no) que los billetes y monedas que se depositan en la colecta pueden contaminar sus manos pocos minutos antes de la Comunión porque, como todos sabemos, el dinero es una de las cosas más sucias y potencialmente patógenas que nos rodean.
Por lo tanto, querido fiel que vas a comulgar en la mano como medida de higiene, te aconsejamos que:
NO DEPOSITES DINERO EN LA COLECTA DE LA SANTA MISA
Porque el remedio puede resultarte peor que la enfermedad.
(*) Sugerencia brindada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: "Para evitar el contagio, no llevar las manos a la cara, ojos, nariz y boca, sin antes lavarlas; especialmente después de haber tocado estructuras como picaportes, barandas, columnas, mesas, asientos y billetes, entre otros."
Comentario Druídico:Nos sumamos a la campaña. NO den limosna en las parroquias donde se les niegue la comunión en la boca. Si estamos por la salud, que sea de un modo coherente.
"Disparan entretanto los cañones de los asaltantes (que asaltan la barca al interior), y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate."(San Juan Bosco, Las Dos Columnas)