“Verbo Domini coeli firmati sunt” (Sl XXXII, 6)
Por la palabra de Dios, los cielos fueron afirmados.
La Palabra de Dios es el Verbo, el Hijo de Dios. La Palabra de Dios es la Verdad, pues que el Hijo de Dios encarnado declaró ser la Verdad: “Ego sunt via, et veritas, et vita” ( Jn., XIV,6).
Por tanto, es por la verdad que los cielos fueron afirmados.
Y si hasta los cielos fueron afirmados por la verdad, nada hay que la Verdad no fortalezca.
Exactamente, la crisis que la Iglesia y el mundo hoy atraviesan fue causada por el hecho de que el Vaticano II no buscó la verdad. Antes, por el contrario, con la excusa de la pastoralidad, los Obispos, en el Vaticano II, procuraron agradar al Mundo, usando un palabrerío ambiguo, fruto de la Fenomenología y de la Hermenéutica Moderna.
Ni proclamaron la verdad, ni condenaron los errores.
El mundo luego siguió el ejemplo del Vaticano II y proclamó, en la revolución de 1968, el nuevo dogma infernal: “Es prohibido prohibir".
Todo quedó permitido.
El relativismo triunfó.
Resultado: el mundo cayó en el mayor abismo al que si llegó en la Historia, y hasta los “cielos” fueron estremecidos, porque se omitió la verdad que los afirmaba.
Desde el Vaticano II, por la desgracia del ecumenismo, el indiferentismo religioso, el relativismo y el subjetivismo lanzaron al mundo en el abismo de la incertidumbre, y estremecieron los medios eclesiásticos, los “cielos”.
El Vaticano II adoptó la Fenomenología como lenguaje filosófico para comunicarse con el mundo in gaudio et spes. y de ahí vinieron “tristitiae et angustiae”. Tristezas y angustias.
Gracias a Dios, ahora, Benedicto XVI hace a la barca de Pedro volver a amarrarse en las columnas de la Verdad y de la Caridad. En la Hostia consagrada y en María Santísima.
En su reciente encíclica, Caritas in veritate, el Papa Benedicto XVI, gloriosamente reinante – y gloriosamente no es fórmula de costumbre, sino luminosa realidad – estableció como fundamento de todo la verdad objetiva, condenando el opinionismo, el subjetivismo y el relativismo.Estas son sus palabras:
“La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el lógos del amor: éste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad.” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, nº 4).
Y aún:
“En el contexto social y cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral.” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, nº 4).
Para la doctrina católica del conocimiento y de la verdad, tal como fue expuesta por Santo Tomás, “la verdad es la adecuación entre el entendimiento y las cosas”.
Esta es la cita de Santo Tomás:
“Dice Rabi Ysaac en el libro De Definitionibus (citado por Avicena in Metaphisica. Tomo I , cap. IX) que la verdad es la adecuación entre el entendimiento y as cosas” (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, Q. XVI, a. 2).
La verdad es alcanzada por el conocimiento humano por vía abstractiva y no intuitiva. A través de nuestros sentidos, captamos las imágenes sensibles de las cosas, y, por abstracción, formamos una idea de lo que ellas son. Abstraemos de las cosas su forma substancial. En la correspondencia de la idea del sujeto conocedor con el objeto conocido, en eso está la verdad.
Verdad es la correspondencia entre la
Idea del <-----------------
sujeto <----------------- ---y el objeto conocido
conocedor <-----------------
Nuestro intelecto, mal comparando, “fotografía” la realidad. La “fotografía” así obtenida es el concepto formado en nuestro intelecto. Todos los hombres, normalmente, alcanzan la misma idea de cada cosa conocida. Y es lo que nos permite conversar y vivir en sociedad. Todos tenemos la misma verdad tomada de la realidad. Si eso no fuese así, nos sería imposible convivir. Sería imposible, para dar un ejemplo, jugar ajedrez, ya que cada un tendría una visión diferente de las piezas del ajedrez y del propio juego. La verdad es, por tanto, una. Como escribo para lectores de internet, permítaseme dar una aclaración primaria. La idea de un mismo objeto es la misma para todos los que lo conocen. La palabra que expresa esa idea única puede ser diferente en cada lengua. En italiano, la palabra “burro” significa manteca. Pero, a pesar de eso, el concepto de manteca, ya sea en portugués, ya sea en italiano, es el mismo. La verdad es una.
Además de eso, la verdad es universal. Esto significa que es la misma en todos los tiempos y en todos los lugares. 1+1 = 2.
Eso hace mucho tiempo. Esto es, siempre fue así y siempre será así.
El teorema de Pitágoras continua, y continuará siempre, expresando la misma verdad: el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Hoy, se acostumbra a decir que ciertas ideas son anticuadas, el que otras son modernas.
Lo que es un relincho bien moderno.
Una idea no se clasifica primeramente como antigua o nueva, sino como cierta o errada.
1+1=2, en toda parte.
Por tanto, si la verdad es universal, siempre la misma, y en toda parte, la verdad es inmutable.
Finalmente, se debe recordar que la verdad es objetiva, y no subjetiva.
No es la imagen de la máquina fotográfica la que produce el objeto fotografiado. Es el objeto fotografiado el que produce la imagen fotográfica. Del mismo modo, no es la idea que el sujeto conocedor tiene del objeto la que produce ese objeto. Es el objeto real el que produce la idea concebida en el intelecto. La verdad proviene del objeto. La verdad es objetiva.
Concluyendo, la verdad es: una, universal, inmutable y objetiva.
El mal del mundo actual proviene de la negación de la existencia de la verdad objetiva. Lo que lleva a pensar que la verdad es personal, múltiple, particular, mutable o evolutiva, y subjetiva.
Ahora bien, el lugar donde cada uno se juzga poseedor de una verdad personal única se llama manicomio. El mundo moderno es el grande manicomio de la historia. Y lo más trágico es que ese mundo moderno exige que haya diálogo. Un diálogo en el que cada palabra es entendida de modo subjetivo, por cada uno. La Modernidad introdujo el diálogo de los locos. Para los cuales no hay diccionario. ¿Cómo querer entonces que haya entendimiento entre los hombres?
Hubo un caso histórico anterior al de la Modernidad, en el cual cada un tenía un vocabulario ininteligible para todos los demás. Fue el de la Torre de Babel. Revivimos hoy la Torre de Babel. El Manicomio de las filosofías. Con la sanción del Vaticano II, a través de la visión hermenéutica moderna, totalmente subjetivista.
De esa relativización de la verdad nació la relativización de todos los valores. Si no hay verdad objetiva, no hay ni bien y ni belleza. Todo sería mera opinión. Nadie tendría certeza de nada. A cada le parece lo quiere querer. Entonces, ¿para que estudiar? ¿Para que la escuela? ¿Para que la Iglesia? Vivimos en el reino do “parecismo”.
En un babélico manicomio “parecista”.
Ese mal viene de lejos. Viene de Descartes. Viene de Kant. Viene de los filósofos románticos que inventaron el Idealismo alemán.
Para el Idealismo, es la idea que pone el ser. La única realidad sería el yo pensante que crearía lo real. Lo que cada un piensa sería la verdad para él. Cada un tendría su verdad. Por tanto, no existiría la verdad objetiva. La verdad dependería de cada sujeto. Ella sería subjetiva, personal. La guillotina de la Revolución Francesa, los cañones de Napoleón, los filósofos abstrusos alemanes, ayudados por el romanticismo, hicieron triunfar el subjetivismo por toda parte.
Ese mal destructor de la inteligencia cognoscitiva, negador de la verdad objetiva, fue sancionado por el Vaticano II, con la adopción de la Fenomenología de Husserl, y de la Hermenéutica moderna, decurrente de ella, como medios aptos para expresar la doctrina católica. En verdad, para expresar el Modernismo:
Acontece que la Fenomenología niega que se pueda conocer el ser y la hermenéutica moderna defiende el libre examen de la realidad. Ella afirma que todo puede ser interpretado libremente, negando toda objetividad y toda posibilidad de conocimiento cierto de las cosas y de los textos. En efecto, “la moderna Hermenéutica parte del presupuesto de que el ser no es conocible objetivamente, ni definible, es solamente interpretable” (Mário Bruno Sproviero, in Verdad y Conhecimento – São Tomás de Aquino, Martins Fontes, São paulo, 1999, Tradución, estudos introdutórios y notas de Luiz Jean Lauand y Mário Bruno Sproviero, p. 97).
La Fenomenología y su Hermenéutica permitirán al Vaticano II afirmar que cada religión es la verdadera para sus seguidores. No habría una religión verdadera. Todas serían verdaderas. Aunque sean contradictorias. Creyendo subjetivamente en su religión personal, todos podrían salvarse en cualquier religión que fuese. De ahí nació el ecumenismo. Todas religiones siendo verdaderas, da lo mismo seguir una u otra. De ahí, el indiferentismo y el sincretismo actual, eses dos hijos locos del ecumenismo.
Por eso, es de conmemorarse jubilosamente que el Papa Benedicto XVI, 44 años después del fin del Vaticano II, haya vuelto a defender que la verdad es objetiva y no relativa.
Y como para mal entendedor no basta media palabra, creemos que para ese tipo de lector del site Montfort – y es cierto que muchos teólogos y obispos modernistas asiduamente nos leen -- es preciso y conveniente repetires la cita del texto de Benedicto XVI:
“La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el lógos del amor: éste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad.” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, nº 4). ¿Bien entendido, señores lectores de mala voluntad?
Solamente la verdad objetiva es lo que pode librar al mundo moderno de la locura del opinionismo subjetivista y del relativismo.
Hace más de cuarenta años esa verdad había dejado de ser predicada. Bendito sea el Papa Benedicto XVI que volvió a afirmarla.
Benedictus qui venit in nomine Domini. Este Papa colocó de nuevo, como fundamento de todo, la Verdad. Y la Verdad envuelve, sobrenaturalmente, la Fe, y naturalmente la Metafísica.
Fe y Metafísica son las bases de todo.
Hasta de la política.
La ONU — “Cette chose là de New York” – como decía De Gaulle, hasta esa calamidad productora de calamidades, hasta la crisis de la ONU comprueba que nada subsiste sin la Fe y sin la Metafísica.
Por eso, es triste que, cuando un Papa clama de nuevo que existe la Verdad y vuelve a colocarla como fundamento de todo, hasta de la Caridad, es triste que hasta entre los buenos haya quien focalice como más importante una mera apreciación política, como él hizo, hablando de la necesidad de reformar la ONU. De la ONU, que la Verdad y la Justicia exigen que sea destruida.
Es un error de perspectiva focalizar como fundamental una mera opinión política de Benedicto XVI, cuando se debería exaltar la colocación de la Verdad objetiva, Teológica y Metafísica, como fundamento de todo.
Hacer eso sería colocar la importancia de la critica de la política sobre la visión crítica de los errores teológicos y metafísicos. En las palabras de Benedicto XVI en la Spe salvi, eso acontece porque, “Al haber desaparecido la verdad del más allá, se trataría ahora de establecer la verdad del más acá. La crítica del cielo se transforma en la crítica de la tierra, la crítica de la teología en la crítica de la política" (Benedicto XVI, Spe salvi, nº 20).
Exaltemos la Verdad que afirma inclusive hasta a los cielos.
Pues la Verdad destruirá la ONU, esa quimera generada en antros secretos por los así llamados... “hombres de buena voluntad”.
São Paulo, 22 de Julio de 2009.
Orlando Fedeli
Orlando Fedeli
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