jueves 23 de julio de 2009

Pro y Contra



Caritas in veritate


Nueva Encíclica del Papa: Pro y Contra




Pro:

Papa habla contra un Nuevo Orden Mundial

John-Henry Westen (LifeSiteNews.com)



Diarios, blogs, programas del radio y de televisión están repletos de discusiones sobre la supuesta invitación del Papa Benedicto XVI para un “Nuevo Orden Mundial” o un “Gobierno Mundial” [one-world government]. Estas ideas, mientras, no están basadas ni en la realidad ni en una lectura clara de la última encíclica del Papa, Caritas in Veritate, cuya publicación ayer [07 de julio] encendió una discusión inflamada.

El Papa, en verdad, habla directamente contra un Gobierno Mundial y, como debería ser esperado por aquellos que leyeron sus escritos anteriores, convida a una masiva reforma de las Naciones Unidas. La confusión parece haber surgido del parágrafo 67 de la encíclica, que tuvo algunas citas [pull-quotes] escogidas para condimentar [habe spiced] las páginas de los jornais mundo fuera, del New York Times aquellos bloggers de teorías de la conspiración que ven al Papa como el Anticristo.

Entretanto, en el parágrafo 41, el Santo Padre diferencia específicamente su concepto de una autoridad política mundial [a world political authority] de aquel de un Gobierno Mundial [a one-world government]. “Nosotros debemos”, dijo, “promover una autoridad política dispersa”.

El explica que “la economía integrada del presente no hace que el papel de los Estados sea redundante; sino, al revés de eso, hace que los gobiernos necesiten de una mayor colaboración mutua. Ambas, sabiduría y prudencia, sugieren que no seamos tan precipitados en declarar el fin del Estado. En términos de solución de la presente crisis, el papel del Estado parece destinado a crecer, conforme recupere muchas de sus competencias. En algunas naciones, entretanto, la construcción o reconstrucción del Estado permanece un factor clave de su desarrollo”.

Más adelante en la encíclica (57), habla en el sentido opuesto de un Gobierno Mundial - subsidiariedad (o principio de la Doctrina Social de la Iglesia que establece que las cuestiones deben ser resueltas por la menor, más baja y menos centralizada autoridad competente) - como siendo esencial. “A fin de no producir un peligroso poder universal de naturaleza tiránica, el gobierno de la globalización debe ser marcado por la subsidiariedad”, dice el Papa.

Otra de las citas claves que fueron extraídas de la encíclica por causa del su potencial chocante es esta: “frente al inagotable crecimiento de la interdependencia global, hay un fuerte sentimiento de la necesidad, mismo en el medio de una recesión global, de una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, e igualmente de las instituciones económicas y financieras internacionales, de modo que el concepto de Familia de las Naciones pueda hacerse realidad [can acquire real teeth]“.

Desde mucho antes de ser papa, Joseph Ratzinger lucho vigorosamente contra la visión de las Naciones Unidas de un “Nuevo Orden Mundial”. Ya en 1997, y repetidas veces después de eso, Ratzinger hizo de tal visión su objetivo público [took public aim at such a vision], notando que la filosofía venida de las conferencias de la ONU y el Millenium Summit “propugnan estrategias para reducir el número de convidados a la tabla de la humanidad, a fin de que la presumida felicidad que [nuestrotros] alcanzamos no sea afectada”.

“En la base de este Nuevo Orden Mundial”, dijo, está la ideología del “fortalecimiento de las mujeres”, que equivocadamente ven “los principales obstáculos para la plenitud [de las mujeres] [como siendo] la familia y la maternidad”. El cardenal entonces aviso que “en este estado del desarrollo de la nueva imagen del nuevo mundo, los cristianos - no solamente ellos; mas, en cualquier caso, ellos mas del que otros – tienen el deber de protestar”.

Benedicto XVI de facto repetía estas críticas en su nova encíclica. en la Caritas in Veritate, el Papa condena las “prácticas de controle demográfico, de la parte de gobiernos que frecuentemente ven promover a contracepción y llegan até mismo al punto de imponer en el aborto”. El también denuncia los cuerpos económicos mundiales como el FMI y el Banco Mundial (sien los lomear específicamente) por sus prácticas de empréstito que visan al llamado “planificación familiar”. “Hay razones para sospechar que a ayuda a la desenvolvimiento está a las veces ligada a específicas políticas del salude pública que de facto envuelven la imposición de fuertes medidas del controle de la natalidad”, dice la encíclica.

Cualquier visión de una adecuada ordenación del mundo, de la economía o cooperación política internacional, sugiere el Papa, debe estar bajeada en una “orden moral”.. Esto incluí primero y principalmente “lo derecho fundamental à la vida” de la concepción à su muerte natural, el reconocimiento de la familia bajeada en el casamiento entre un hombre y una mujer como base de la sociedad y de la libertad religiosa y a cooperación entre todas las personas con base en los principios de la Ley Natural.


[Texto original en inglés en el site Lifesitenews.com]

Para citar este texto:

Westen, John-Henry - "Papa habla contra un Nuevo Orden Mundial"

Editorial by John-Henry Westen - July 8, 2009 (LifeSiteNews.com)




Contra:

Un gobierno mundial, bajo una moneda mundial. La Encíclica del Papa y el G-8

Sidney Silveira













La última Encíclica del Papa Benedicto XVI (Caritas in veritate) viene a propósito del tema eclesial más importante de los últimos 45 años: ¿cuál es la autoridad del Magisterio de la Iglesia cuando no tiene la expresa intención de imponer una doctrina sobre fe y costumbres, haciendo uso de su suprema autoridad apostólica, sino que posee sólo la manifiesta intención de proponerlo al modo de diálogo intra Ecclesiam, con el rebaño de los fieles, y extra Ecclesiam, con el mundo? ¿Ese magisterio es o no vinculante para nosotros, católicos? Esa respuesta la dio de modo definitivo y magistral el Padre Calderón, en este que es, repito y repetiré asta la saciedad, el libro más importante de las últimas décadas, en todo el mundo. un libro extraordinario que (como aún hoy me confidenció por email un de los muchos lectores que nos han escrito a mi y a Nougué mensajes de emocionado agradecimiento por la publicación de la obra) “es capaz de llevar a la conversión o a un proceso de purificación de la conversión”.


Los católicos liberales están irritadísimos por cuenta de esa Encíclica, y no podría mismo dejar de ser: se, en cualquier que sea la variable en la cual revuelque, el liberal no consigue resolver el falso dilema en que se metió (o de la dicotomía entre libertad y autoridad externa a la de su conciencia individual), es obvio que una autoridad política mundial con poder de mando sobre todas las naciones, como propone el Papa, le parecerá la más inimaginable de las opresiones. Las perlas que he leído en internet, de parte de los liberales, vão desde la mal disfrazada malicia a la idiotez pura y simple. Y aunque en general acierten en cuanto al carácter nefasto de una tal autoridad mundial meramente política — que, a propósito se nos aproxima como un bólide gigantesco del cual parece no haber mais como fugir —, erram en un punto crucial del diagnóstico, pues sólo conciben lo maleficio de tal proposición en ese mismo plano político, que artificiosa y convenientemente ya habían separado del plano espiritual superior. el alcance del maleficio (que no parece ser otro sino el breve reino del Anticristo de que nos habla el Evangelio) escapa a eses católicos liberales. uno de ellos cierta vez me confidenció que “esa cosa apocalíptica” le parecía una ficción, si miramos la situación actual del mundo. Paciencia! Si no se quiere ver que la vaca está en el pantano, con las patas atoradas y los campanillas sonando, paciencia! Ese tipo de ceguera se me figura como un misterio insondable. Bien decía Chesterton por la boca del Padre Brown que, si un día asesinase a alguien, ciertamente sería a un optimista... Se refería el gran escritor ingles al optimista ciego a las evidencias más gritantes de que las cosas no van nada bien.


Leyendo el trecho de Caritas in veritate en el cual el Papa Benedicto XVI dice que “urge una Autoridad política mundial” (el A mayúscula y el itálico son del Papa), y más, que “tal Autoridad [política] deberá ser reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, la observancia de la justicia, el respeto de los derechos” (nº 67), me recuerdo de lo que escribió hace algún tiempo el mismo Padre Calderón, en un otro libro tan estupendo como A Candeia Debaixo del Alqueire. Son palabras que ahora se revisten de carácter profético. Y, aunque refiriéndose a los textos del Concilio Vaticano II, tais palabras se aplican grandemente a lo que vivemos hoy — cuando sentimos tan próxima la posibilidad de instaurarse un tal orden político (y económico) con poder de mando sobre todos los confines de la Tierra. Dice nuestro teólogo:


“El Concilio aboga por la constitución de una autoridad política mundial con poder sobre las naciones, como para impedir guerras. es este, a propósito, un de los principales clamores de Gaudium et Spes: ‘En cuanto exista el riezgo de guerra y falte una autoridad internacional competente proveedora de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho de una legítima defensa de las naciones’ (nº. 79); ‘(...) ‘Debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo entre las naciones, posa ser prohibida absolutamente cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad política pública universal (grifo nuestro!) reconocida por todos, con poder para garantía la seguridad, el cumplimento de la justicia y el respeto de los derechos’ (nº. 82). Pues muy bien: la única autoridad con poder eficaz para impedir las guerras que no sea la del Vicario de Cristo, será la del Anticristo. Si no es el Príncipe de la Paz quien establece el orden de la justicia entre los pueblos por medio del poder que comunicó a su Vicario, será el príncipe de las tinieblas quien lo hará por medio de los poderes que comunicó a su primogénito, el Anticristo”.


En este punto vale destacar, y con todo el énfasis, que no es una simple hipótesis teológica, sino una verdad de fe con base en la Sagrada Escritura (en el Apocalipsis, XIII), que habrá un sólo poder político mundial, bajo cuyo mando despótico estarán todas las naciones. Si se es católico, es preciso creer en eso firmemente! Otra cosa: al contrario de lo que quiere creer nuestro católico liberal, la materia de que se trata no es ajena a la fe y a las costumbres, sino muy por el contrario: dice respecto a las dos!!! Afirma la Escritura, con meridiana claridad, que todo poder político viene de lo alto (cfme. Rom., XIII, 1; y Jo. XIX, 11). A propósito, el mismo decía León XIII, con apoyo macizo de todo el Magisterio anterior a él:


“El poder público sólo puede venir de Dios. sólo Dios, en efecto, es el verdadero y soberano Señor de las cosas; todas, cualesquiera que sean, deben necesariamente estarle sujetas y obedecerle; de tal modo que todo aquel que tiene el derecho de mandar no recebe ese derecho seno de Dios, Jefe supremo de todos." (León XIII, Diuturnum illud, 29 de Junio de 1881).


Si el Papa se propusiese a sí mismo como la única Autoridad (esta sí, con A mayúscula, porque es participada por Nuestro Señor, que es Dios) capaz de reinar sobre todas las naciones, estaría repitiendo una doctrina común de la Iglesia por siglos sin fin. Mas proponer una autoridad mundial meramente política es algo que ningún católico debe considerar como vinculante, o seja: como algo que obligue a su conciencia a seguir. Entre otras cosas, porque se trata de una proposición a lo modo de diálogo, y no una imposición magisterial expresada de forma solemne, con intención expresa de obligar al rebaño de fieles. Y un de los cuatro puntos esenciales con relación à infalibilidad papal, cabe recordar, dice con respecto justamente a la intención de obligar a todos los fieles, la cual no puede ser oculta, mas expresa, dado el nuestro humano modo de conocer. Además, ¿qué autoridad tiene la Autoridad cuando se depone a sí misma, indicando la creación de otra para regir el mundo, aunque esa otra busque fines infinitamente menores? ¿No tiene la Iglesia poder de enseñar, santificar y, TAMBIÉN, reinar? Este es otro grave punto resuelto por el genio teológico del Padre Calderón...


El único obstáculo para el reinado del Anticristo de que habla la Escritura siempre fue, única y exclusivamente, la pax Christi custodiada por la Iglesia, quiere decir: la paz que puede ser establecida por la verdad revelada, de la cual provienen tanto el Magisterio, con sus dogmas y sus leyes, como los sacramentos, señales sensibles de la gracia dada gratuitamente a todos, en vista de que se salven; y no la pax mundi instaurada por instancias políticas y al sabor de intereses humanos. ¿Si la Iglesia abre mano (deja) de proponerse a sí misma como maestra y rectora de las naciones, y propone en su lugar nada menos el de la ONU, qué pensar? Estamos delante un misterio.


Coincidentemente o no, exactamente en esta misma semana en que el Papa propone una autoridad política mundial, el G-8 propone una moneda mundial — ya hasta acuñada, como se ve en las imágenes que ilustran el presente texto. Me aterra tal coincidencia, así como pensar en un poder político y en un poder económico mundiales, con fines meramente humanos, apoyados y refrendados por la única autoridad espiritual que visa al bien superior de la salvación de las almas.
En tiempo: Dice San Pablo (2 Tes.) que primeramente debe venir la disensio (o apostasía), para después manifestarse el Hombre impío. Nos recuerda el Padre Calderón que esa apostasía había sido entendida por los Santos Padres tanto como apostasía de la fe — disensio a fide — cuanto como apostasía del Imperio — disensio a Romano Imperio. Comenta Santo Tomás ese grave pasaje de la Epístola: “Dice San Agustín que [la disensio Romano Imperio] está representada por la estatua de Daniel (II, 31), donde se nombran cuatro reinos, después de los cuales se dará el advenimiento de Cristo, lo que era un signo conveniente, porque el Imperio Romano fue establecido PARA que bajo su poder se predicase la fe por todo el mundo (grifo nuestro). ¿Pero cómo puede ser así, si las naciones dejaron el Imperio Romano y no vino el Anticristo? A esto debe responderse que el Imperio todavía no acabó, sino que cambió de material en espiritual. (...) Por tanto, hay que decirse que la apostasía del Imperio debe entenderse no solamente con relación al plano temporal, sino también del espiritual, quiere decir: la fe de la Iglesia Católica Romana. Este es un signo adecuado, porque así como Cristo vino cuando el Imperio Romano dominaba a todos, así también la apostasía del Imperio será una señal del Anticristo. (II, Ad Thes. caput II, lec 1). ¡Palabra de Doctor Común!

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